No descuidemos el zazen...

 Si se sigue la vía personal, uno se equivoca

Una vez, antes de comenzar una Sesshin me mostraron la lista de las personas que se habían inscrito. Entre ellos había un periodista que quería conocer acerca del zen. Primero dijo que iba a venir el sábado y se iba a quedar hasta el final. Después avisó que no, que mejor llegaría el domingo. Finalmente llegó el lunes por la tarde. Lo primero que hizo fue consultar si podía hacer preguntas y sacar fotos. Pero como era la hora del samu, el responsable lo mandó a recoger estiércol de caballo. Una actitud muy compasiva de nuestro jefe de samu. Después vino al Dokusan. Entró apurado y preguntó: —¿Qué es el silencio? —Aquí, ahora, no está —le respondí—. Tal vez lo puedas encontrar caminando entre los árboles, en el bosque. —¿Seguro? —Sí, tal vez lo puedas encontrar ahí. Vete. Me parece que no lo encontró, porque aún no ha regresado. Eso es lo que hace el zen con los fisgones.

 Cuando practicamos zazen nos concentramos en nuestra propia práctica, sin preocuparnos por lo que hacen los demás ni compararnos con los otros. Pero tampoco debemos permitir que los otros vengan a curiosear. El común de las personas se alimenta de ese tipo de cosas, vive pendiente de los otros. Las revistas que más se venden, los programas de televisión que más se ven, son aquellos que se ocupan de la vida de los otros, de los artistas, de los políticos. Aquellos que vienen solo a curiosear no deben entrar al zendo.

El maestro Dogen decía: «Si el espíritu del comienzo no es correcto, cientos de prácticas no servirán de nada». Es compasivo no permitirles entrar. Preservamos así esta práctica transmitida de maestro a discípulo por muchas generaciones. El zen no es un juguete para que los niños se entretengan con él. Es una práctica íntima, personal, profunda y que alcanza dimensiones muy altas. Tenemos que preservarla y transmitirla solo a aquellos que vienen con el espíritu correcto. Continuar día tras día, siguiendo la enseñanza de los maestros, que no es otra cosa que la transmisión de la postura correcta. No dejar que nada nos desvíe de esta maravillosa práctica. Si hay alguien que verdaderamente esté interesado en ella, entonces hay que mostrarle la postura, darle todo el aliento, ayudarlo. ¿Quieres conocer el zen? Te mostraré la postura. Siéntate conmigo durante una Sesshin y conocerás el origen de todas las cosas. Es decir: entrarás en lo íntimo, en lo hondo de ti mismo. Porque en ti están todas las cosas, todas las preguntas. Y tú, en esencia, conoces todas las respuestas. Preservar nuestra práctica es preservar la pureza de zazen, no hacerle agregados. Algunos a veces pretenden hacerlo más fácil, poner un poco de música, hacerlo más relajado, aflojar los horarios, empezar un poquito más tarde. Si uno sigue la vía personal, lo que los otros opinan, dicen o piensan, entonces se equivoca. Hay que seguir pura y exclusivamente la vía de zazen. Hay que analizar cada caso, pero lo importante es preservar la pureza de zazen.

Siéntate. Siéntate junto a aquellos que han recibido la transmisión de la postura. Aprende de ellos, pero mira esencialmente en tu propia naturaleza. Practica como te fue transmitido y entonces conocerás el origen de todas las cosas. No permitas que nada te aparte de esta práctica. No permitas que los otros vengan a curiosear, que te corran, que te hagan cambiar de dirección. Desde siglos esta enseñanza fue correctamente transmitida. No la descuidemos. Aquí ahora, no descuidemos este zazen.

"Vida simple, vida zen"(fragmento) - Jorge Bustamante.

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