Nuestro verdadero ser...
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Nuestro verdadero ser
Jean-Jacques Rousseau escribió en Emilio que toda persona, independientemente de la riqueza o el status que pueda heredar, ha nacido desnuda y pobre, y cuando muera, morirá pobre y desnuda. Esto es cierto, y no obstante, entre el nacimiento y la muerte, la gente usa todo tipo de vestido. Hay gente que viste los espléndidos y hermosos trajes de una reina, mientras otros durante toda su vida visten harapos pobres y raídos. Algunas personas visten uniformes militares y otros ropa de prisioneros; otros, hábitos monásticos. Claro que nuestros “vestidos” no están fabricados tan sólo de tela. También hay trajes de clase, posición social, fama y riqueza. Todos los vestidos de nuestros asumidos roles y nuestras queridas identidades. Llega luego un tiempo en que nos encontramos despojados, desnudos de todas estas cosas. Hay también trajes llamados “hombre apuesto” o “mujer inteligente”. Sin embargo, no importa lo bella que pueda ser una persona, al final vendrá el tiempo en el que él o ella deberá cambiar su traje y ponerse el de “anciano”. De igual forma, el traje de “genio” posiblemente con el tiempo se cambiará por el de “senil”. Hay también trajes de “complejo de superioridad”, “complejo de inferioridad”, “felicidad” e “infelicidad”, así como todos los de creencia, raza y nación. Cambiamos de un sistema de pensamiento a otro, pero en el momento de la muerte debemos despojarnos incluso de los ropajes de distinción racial y morir completamente desnudos. Aún cuando sólo se trate de ataduras exteriores que usamos en el intervalo entre nacer desnudos y morir desnudos, casi todos los seres humanos están atrapados por ellas. Ellos asumen que el problema de la vida, de todas estas posibilidades, es ¿cuál de estos bellos vestidos usar? Me pregunto si la mayoría de la gente en algún momento se hace la pregunta ¿qué es el “ser” desnudo? Mientras sin duda siempre estamos viviendo algún “ser”, usualmente no estamos viviendo la realidad de “nuestro ser desnudo, nuestro verdadero ser”. Sólo nos preocupa qué trajes vestimos durante la vida –éste es el ser que está determinado desde fuera y que yace en oposición a otros. Parece que damos por sentado que esto es de lo único que trata la vida: que “el traje hace al ser humano”. Mientras sea así no hay que sorprenderse de que las personas encuentren carencias en sus vidas. Ya sea que sufran de complejo de inferioridad, se consuman por un espíritu de competitividad, o se aferren a alguna idea de superioridad, es natural que todos experimenten el mismo vacío en sus vidas. Depender de los otros para conocerse uno mismo es inestable. Por supuesto no significa que debamos aislarnos de alguna manera de los demás. Aislarse es tan innatural e inestable como vivir siempre en comparación con los demás. El verdadero ser está más allá de depender o evitar a otros con el fin de saber quiénes somos. No podremos encontrar verdadera paz mental hasta que vivamos la realidad de la vida del ser, puesto que el fundamento del ser es sólo el ser. Éste es el ser universal que he venido buscando a lo largo de toda mi vida.
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Kôshô Uchiyama - Abrir la mano del pensamiento (fragmento)
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