Mira bien donde pones tus pies...
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Mira bien donde pones tus pies
Si ponemos atención a dónde ponemos nuestros pies, nuestra vida puede ser diferente. El común de las personas no le presta atención a sus pies, se preocupa del rostro, de su peinado, de su maquillaje, de su aspecto. Y los pies son algo que está allá abajo, lejos. Sin embargo a la entrada de todos los templos de la Transmisión hay generalmente un letrero que dice: «Mira bien dónde pones tus pies». Eso significa estar atento, mirar más allá de la mirada común. Leer entrelíneas, observar aquello que comúnmente descuidamos. Una madrugada, en zazen, cuando se apagó la vela y quedamos en completa oscuridad, pensé: «Pobre A., cómo va a hacer para ver la hora e indicar el final de zazen». Pero se ve que él tiene una Iluminación propia porque tocó la campana en el momento correcto. Cuando las luces están encendidas vemos el mundo de la forma y de los colores. Pero eso no es todo. Cuando se apagan las luces, se enciende nuestra propia lámpara. Al sentarnos quietamente en zazen, esta luz se enciende natural y automáticamente. Si los ojos estuviesen abiertos veríamos las formas y los colores, si los ojos estuvieran completamente cerrados veríamos el mundo de nuestros sueños. Con los ojos entornados podemos verlo todo. Y así esta luz, la verdadera luz, ilumina nuestra vida. Porque no hemos nacido con una estrella en la frente, somos hombres y mujeres comunes. Pero cuando nos sentamos en zazen, la lámpara se enciende y somos Buda. No hay Buda fuera del hombre común. Simplemente, cuando conversamos de política o de algún equipo de fútbol que nos interesa, somos un hombre común. Cuando apagamos todos los sonidos, todas las luces, la lámpara de la sabiduría se enciende y somos Buda. Y entonces, así, nuestra vida se hace completa, nuestra existencia adquiere un sentido. Es simple, pero hay que hacerlo. No es necesario creer que somos Buda, es suficiente con sentarse. Y así la intuición, la verdadera sabiduría aparece. La campana suena en el momento justo y todo cae en su exacto lugar. Creemos que si no tenemos ayuda de los ojos, de la luz, no podemos ver nada. Pero cuando todo esto se apaga, la verdadera luz aparece. Sentarnos tranquilos en zazen, con la espalda derecha, el mentón recogido, relajados los hombros, tranquila la mirada, las manos quietas, en perfecta atención. Así, solo así, devenimos auténtica persona humana. De otro modo andaremos a los tumbos, empujados por la corriente, poniendo parches en nuestra vida.
Mira bien dónde pones tus pies, mira bien dónde te sientas, no descuides este momento, es fundamental. Así paso a paso, momento a momento, nuestra vida es construida de un modo recto.
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Vida simple, vida Zen - Jorge Bustamante.
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