La enseñanza gradual.
La enseñanza gradual Aachen, 25 al 27 de febrero de 2000 En zazen, la observación de todos los puntos importantes de la postura nos ayuda a realizar la unidad del cuerpo y la mente. La mente no está perdida en los pensamientos, sino que vuelve siempre a la sensación concreta de la postura, en particular al contacto de los pulgares que se tocan delicadamente y no forman ni montaña ni valle. Los pulgares y los índices forman un óvalo amplio. Las manos, en esa postura, no asen nada, igual que la mente en zazen no permanece en nada. Cuando la mente no permanece en nada, no ase nada, podemos abandonar el espíritu ávido del ego, nuestro funcionamiento mental ordinario que nos impulsa a querer asir algo es abandonado. Es lo que llamamos abandonar el ego. En realidad, no hay nada que abandonar. Es sólo un modo de funcionamiento que se transforma, que cambia, una mente que se hace libre. Esta libertad de espíritu se hace realidad en el instante en el que abandonamos un pensamiento, en que...