¿Podemos percibir sin pensar? Por Gërard Chinrei Pilet En cualquier libro de texto de psicología para estudiantes se enseña que toda percepción tiene tres componentes: un proceso neurofisiológico directamente relacionado con el sistema nervioso, un proceso mental vinculado al hecho de que cada percepción está asociada a un concepto (por ejemplo, el concepto de manzana cuando vemos una forma redonda que evoca esta fruta) y un proceso afectivo vinculado al hecho de que el objeto de nuestras percepciones puede ser agradable, desagradable o indiferente (me gustan o no las manzanas). Según esta enseñanza, percibir y pensar son, pues, dos funciones inseparables. Si nos situamos en la experiencia habitual que tienen los seres humanos a nivel de la percepción esto es cierto. En efecto, lo que demuestra esta experiencia común es que, en cuanto perciben algo, la gran mayoría de las personas lo nombran, lo interpretan, lo comparan con otra cosa, les gusta o les disgusta, lo llaman bueno o malo, ...