ARMONIZAR, EVITAR DIFERENCIARSE En el Zen que practicamos, interior y exterior son lo mismo. Naturalmente hablando no existen las fronteras inventadas por el hombre. Naturalmente, el mar y la tierra están separadas pero sin embargo son la misma cosa con el aire y todo lo vivo porque todo es Uno, variado e interdependiente. Nada existe por sí mismo. Un hombre o una mujer, tampoco. Distinguirse, diferenciarse, es artificial y egótico hasta en las mínimas cosas. Traer al Templo las costumbres mundanas es falta de respeto e ignorancia. Joyas, perfumes, vestidos y trajes llamativos, caros, chillones, coches llamativos, gestos excesivos... es lo mismo que vestir como mendigos, oler mal, traer las manos sucias, no afeitarse, estar rígidos... Esto en cuanto a la apariencia. El interior se manifiesta cumpliendo o evadiéndose de las reglas del Templo al andar, recitar los Sutras adelantándose o retrasándose, ser impuntuales, dar portazos o toser con exageración, hablar alto... (ver Se...